jueves, 27 de julio de 2017

Réquiem de los vivos

La vida y la muerte giran como una moneda eterna e impasible. Esta sensación persigue a los solitarios personajes en Canción de cuna para un anarquista” del autor chileno Jorge Díaz (1930–2007). Esta singular historia salpica recuerdos ficticios y reales en una trama nostálgica y enternecedora.
Balbuena (Augusto Mazzarelli) y
Rosaura (Haydée Cáceres)
En medio de diálogos desconcertantes y referencias aleatorias se irá construyendo un “pasado común” entre una viuda resignada a su soledad y un vagabundo decidido a enfrentar a dos dictadores europeos
La pluma maestra de Díaz delinea estos anhelos irrealizables y pendientes por algún capricho del destino con esperanzadora humanidad.
Dirigida con depurada inteligencia por Roberto Vigo por primera vez en el III Festival Directores en Acción 2016 del Centro de Formación Teatral Aranwa, la puesta ahora reverbera como una canción desesperada para quienes resisten desde una anodina existencia. El destacado reestreno, irónicamente, celebra la vida desde un mausoleo gris.

LA MARCHA FÚNEBRE
Precisamente ahí sucede este encuentro extraño y casual. Rosaura (una emotiva Haydée Cáceres) “visita” a Epifanio, su difunto esposo, para evadir su soledad aunque su dolor asoma en pasajes confesionales bien hilvanados. Cierta noche Balbuena (excelente trabajo de Augusto Mazzarelli) irrumpe su acostumbrado rito.
Desde el mausoleo
Mazzarelli compone un personaje sensible y persuasivo que se vale de certezas históricas, recuerdos inexactos y locuras personales para cautivar a la desolada viuda. El personaje de Cáceres rehuirá este cortejo con dulce encanto y pausas cómicas puntuales. Este contraste sensatez–lucidez será vital en la puesta.
En especial, porque servirá para revelar los miedos y traumas de una y el oscuro pasado del otro. Las actuaciones eficientes imprimirán un montaje fluido por el que se deslizan antiguos complots contra Adolf Hitler y Francisco Franco, la exótica imagen de Sandokán o la filosofía anárquica de Mijaíl Bakunin.

ANHELOS PASADOS
La sutil carga ideológica tiñe la puesta de interesantes alegorías. El mausoleo es ágora para refutar los proyectos políticos caducos, pero no las luchas vigentes (libertad o felicidad); o reanimar los aletargados sueños con los rejuvenecidos corazones –de cualquier edad– que aún mueven al mundo.
"Canción de cuna para un anarquista"
Así como la poética, lo técnico también aporta. El efecto de la lluvia y la voz en off de Jorge Chiarella como Don Aurelio, el panteonero, resultaron plausibles. La escenografía fúnebre y la utilería resultaron perfectos para el introspectivo retiro y el sobrecogedor vaivén de emociones que revisten el desenlace.
Con una puesta brillante y humana, “Canción de cuna para un anarquista es un inevitable réquiem para resucitar a las almas “dormidas” en vida. Librarse de esa muerte simbólica es una lucha inevitable y universal: un deber de los auténticos revolucionarios y un derecho de los rabiosos soñadores.

FICHA ESCÉNICA
Dirección: Roberto Vigo R.
Elenco: Haydee Cáceres y Augusto Mazzarelli
Temporada: Del 22 de junio al 30 de julio
Funciones: De jueves a sábado a las 8pm / Domingos a las 7pm
Lugar: Asociación de Artistas Aficionados (Jr. Ica 323, Lima)
Más información en el evento de la obra

miércoles, 19 de julio de 2017

Juegos retrospectivos

Cada miércoles ocho improvisadores asumen un serio desafío: emplear vivencias, situaciones y experiencias ajenas para hacerlas suyas (o nuestras) en escenas divertidas, jocosas y memorables. El experimento se titula Huella”, montaje de improvisación testimonial que dirige la inspirada Carol Hernández con la asistencia de Piera del Campo.
Huella, espectáculo de impro testimonial
La licencia permitida es jugar con la retrospectiva personal hasta convertirla en una emoción universal: aquello por lo que TODOS hemos pasado. El resultado es un espectáculo único e irrepetible –por su naturaleza escénica– construida de inquietudes juveniles o recuerdos imborrablesCada función mantiene un rito peculiar. El público que ingresa puede elegir al improvisador sobre quien que recrear las historias bajo las lúdicas reglas de la improvisación. Eduardo Pinillos –elegido por mandato popular– sacrificó algo más que sus recuerdos y anécdotas en beneficio de la puesta.

DE VUELTA AL COLE
La troupe (los siete improvisadores) recreó con suma versatilidad toda clase de roles: femeninos, masculinos e, incluso, inanimados –algún pajarillo irreverente– con desenfado, gracia y ternura –la charla con la abuela ya ausente, por ejemplo– desafiando la ficción y realidad sin aspavientos.
Francisco Luna

El desempeño de Mirtha Ibáñez, Rodolfo Pesantes, Silvia Landeo, Luzma De La Torre Ugarte, Francisco Luna –quien asume la batuta de forma magistral en los momentos de soundlooping–, Omar Medina e Isabel Falcón resultó homogéneo, grácil y oportuno para la exigencia de las escenas. Además de la indudable rapidez mental y actoral del elenco, los improvisadores recurren al soundlooping. A través de este lenguaje de señas para crear música improvisada en grupo, el colectivo aprovecha sus voces variadas en tonalidades y tesituras para añadir un fondo sonoro pertinente.

TÉCNICA DE JUEGO
Con otro interesante recurso de la impro el personaje elegido fue lanzando pistas como un testimonio incompleto –vicisitudes del colegio, primeros amores o anhelos de adolescente– lleno de silencios y frases que podría sonar intrigante. El reto es resuelto con suficiencia e ingenio por el equipo improvisador.
Elenco de "Huella"
A menudo las historias y los personajes zafan de una hacia otra jugando con el recuerdo real y la memoria del público. Y, aunque “Huella” funciona como un espejo que refleja la vida y sus tropiezos, explora más a nivel introspectivo. Las confidencias inscrita con tiza sobre las paredes lo revelan. En este juego la confianza en el compañero –uno de los pilares de la improvisación– es puesta a prueba en cada historia y nace de una premisa básica de reconocimiento: ¿Qué tanto te conoces? Con vestuario blanco y negro, “Huella demuestra que se puede divagar con realismo y complicidad en la mejor escuela de todas: la vida.
Crédito de imágenes: Impro Testimonial

FICHA ESCÉNICA
Dirección: Carol Hernández
Asistencia de Dirección: Piera Del Campo
Elenco: Mirtha Ibáñez, Eduardo Pinillos, Rodolfo Pesantes, Silvia Landeo, Luzma De La Torre Ugarte, Francisco Luna, Omar Medina e Isabel Falcón
Temporada: Del 21 de junio al 26 de julio
Lugar: Paya Casa (Av. Bolognesi 920, Barranco)
Entradas: S/. 30 (General) y S/. 25 (Estudiantes)
Informes y reservas: impro.testimonial@gmail.com / Ofertas para grupos

viernes, 7 de julio de 2017

Caídos del cielo

Las premoniciones y la angustia de un viaje sin retorno configuran el reciente proceso creativo de Mariana de Althaus. Luego de sus primeros montajes testimoniales: “Criadero” (2011) y “Padre Nuestro” (2013), la dramaturga y directora explora linderos y fibras más sensibles bajo un ejercicio honesto.
Marisol Palacios y Lizet Chávez
El magistral manejo visto en “Pájaros en llamas” (2017) lo demuestra. De Althaus apuesta aquí por una mayor naturalidad al seguir una pauta de acotaciones y diálogos, añade más voces (tres actores) a los dos confesantes y utiliza las proyecciones audiovisuales de un modo más cinematográficoEn escena Fernando Verano y Marisol Palacios aceptan curar sus heridas aún palpitantes con una catarsis colectiva y reconciliadora. A primera vista el escenario reproduce un caos de equipajes que guardan algo más que elementos claves en las historias. El resultado es sublime.

VIAJEROS SIN DESTINO
A través de ellos fluyen retazos de vidas siniestradas: una pesada continuidad marcada por usar el mismo nombre o un amor atrapado en una jaula del tiempo. Sus historias tejen un drama fidedigno de recuerdos palpitantes contados por voces y texturas mixtas (escénicas y audiovisuales) con sobria intimidad.
Fernando Verano
Por ejemplo, las proyecciones audiovisuales “visten” a Alberick García, Nicolás Galindo y Lizet Chávez con un realismo preciso. Los tres actores –de buen trabajo– aportan la ausencia de los seres perdidos en la tragedia. Son dignos “médiums” entre la realidad de la vida y la ficción del más alláSentir el vacío es crucial en la propuesta y se traduce en versos solitarios. “La vida es más fuerte que todo dolor” de la poeta Anne Sextton reverbera como un eco distante. O en escenas cotidianas y canciones populares que alcanzan una nueva significación ante quienes no están en el mundo físico.

ECOS AUDIOVISUALES
En “Pájaros en llamas” las emociones fluyen desde el corazón por el ejercicio espontáneo de los testimonios. La concurrencia de canciones de Facundo Cabral y poemas de Blanca Varela juegan a favor del estilo confesional del montaje aun cuando pudiera repensarse la pertinencia de ciertos momentos.
Elenco de "Pájaros en llamas"
Por ejemplo, la llamada “aeroportuaria” en ruso podría presentar su traducción proyectada –como en otros pasajes– para descubrir su belleza poética. Y podría desplegarse una mirada más genérica –quizá, ritual– sobre la muerte de modo que involucre al público en esta interesante experiencia. 
Poco a poco el desorden devendrá en un “vacío” final que marca una purificación metafórica ante las tragedias de Lansa (1971) y Faucett (1996). Lorenzo, entonces novio de Marisol Palacios, y la primera familia del padre de Fernando Verano brillan en escena. Sus almas traen paz al mundo complicado y doloroso de los sobrevivientes.

FICHA ESCÉNICA
“Pájaros en llamas” de Mariana de Althaus
Dirección: Mariana de Althaus
Elenco: Marisol Palacios, Fernando Verano, Lizet Chávez, Alberick García y Gabriel Iglesias
Funciones: De jueves a lunes a las 8pm
La temporada acaba el 10 de julio de 2017
Lugar: Centro Cultural PUCP (Av. Camino Real 1075. San Isidro)

miércoles, 28 de junio de 2017

Pícaros inquilinos

Una quinta de excéntricos vecinos inmersos en una vorágine de deudas y amores prohibidos brilla en “La pícara suerte” (1913). A más de un siglo de escrita, esta pieza –un hallazgo familiar– sube a escena con el nostálgico encanto y sátira social tan elocuente en la obra del versátil Leónidas N. Yerovi (1880–1917).
Felipe (José Dammert) y  Ortiz (Pold Gastello)
Una radiografía de época situada en Avellaneda y Buenos Aires, y que podría adaptarse a cualquier realidad por lo arquetípico de sus personajes. Todos pertenecen a un hábitat urbano de contradicciones vigentes: ricos y pobres, valientes y pusilánimes, astutos e ingenuos o creyentes y escépticos. Bajo la dirección de Mateo Chiarella, bisnieto de Yerovi, este juguete sentimental adquiere cuerpo –su ingenio suplió las hojas incompletas y perdidas– y alma definitivos en escena. El montaje no desentona con las tesituras cómicas y desenfadas del autor en una puesta de dos horas que la platea disfruta.

QUINTA ENTRAÑABLE
La trama bulle en enredos. Una serie de decisiones precipitadas ha puesto la soga al cuello al joven Felipe (el irreverente José Dammert). Sin fortuna y una vida risueña, los días en la pensión se tornan caóticos. La casera Emerenciana (una asfixiante y enamoradiza Lilian Nieto) lo persigue por los meses que adeuda.
Comandante Gerardo (Marco Miguel Ravines),
Ermerenciana (Nieto) y Felipe (Dammert)
Corina, su última novia, (Anneliese Fiedler de matices delirantes y maníacos) lo acosa. Don Hermógenes (Ramón García, en un delicioso e intrincado papel) y su escolta familiar de Gregoria y Lola (las correctas Danitza de Bona/Cecilia Rechkemmer* y Olga Acosta) le exigen prudencia, mientras que el comandante Gerardo (aceptable rol de Marco Miguel Ravines) no soporta su insolencia y frescuraLa presencia de todos resulta vital en la comedia, pero es Ortiz (Pold Gastello en un rol perfecto) quien sostiene la trama con eficiente naturalidad. Este personaje –amigo, familiar, asesor… y otras cosas del joven Felipebrilla con una hilaridad precisa para encarnar una ciega esperanza a pesar de los albures a los que juega.

ENREDOS SINFÍN
La vivacidad de Gastello y frescura de Dammert sacan vuelta a un sistema rancio y prejuicioso de taras coloniales que critica la pieza. La aparición de Encarnación (un dulce papel de Mayella Lloclla) consagra la liberación de los enredos sin perder gracia. No obstante, existen dos situaciones que convendría revisar.
Don Hermógenes (Ramón García)
Si bien la cuidadosa dirección de Chiarella crea atmósferas traviesas y aprovecha el espacio físico –la escena de repartición de habitaciones–, no procura un peso escénico más uniforme de sus personajes principales. Quizá, por eso, el desenlace –merced a un esperado azar– se revela un tanto fugaz y difusoEstos aspectos perfectibles no desmerecen el atractivo de “La pícara suerte”. Su bien logrado timing, los detalles de época (vestuario y escenografía) y el acertado elenco tornan exquisito a este discurso de enredos con moraleja y azares. No en vano resulta más fácil confiar en las cábalas y amuletos antes que en las personas.
Imágenes: Aranwa Teatro

FICHA ESCÉNICA
“La pícara suerte” de Leonidas Yerovi
Dirección: Mateo Chiarella
Elenco: José Dammert, Pold Gastello, Ramón García, Lilian Nieto, Mayella Lloclla, Anneliese Fiedler, Marco Miguel Ravines, Chipi Proaño, Cecilia Rechkemmer* (reemplazo a Danitza de Bona) y Olga Acosta
Lugar: Teatro Ricardo Blume (Jr. Huiracocha 2160, Jesús María)
Funciones: Jueves, viernes y lunes a las 8pm / Sábados y domingos a las 7pm
La temporada va hasta el 10 de julio
Una producción de Aranwa Teatro

sábado, 3 de junio de 2017

Cuatro bombines

Dos vagabundos aguardan a un misterioso hombre que, al parecer, no vendrá. A fines de los años 40 el irlandés Samuel Beckett (1906–1989) no imaginó que esta premisa escrita con magistral desconcierto en “Esperando a Godot (En attendant Godot, 1955) dividiría a críticos y espectadores desde su estreno oficial en 1953.
"Gogo" (Ximena Arroyo) y "Didi" (Manuel Calderón)
Con solo dos actos, esta pieza –uno de los pilares del “Teatro del absurdo– se convertiría en un ensayo sobre la existencia fugaz, la soledad y la desesperanza como ejes de la angustia humana
La obra nació tras dos grandes guerras, cuando el mundo vivía bajo una estela de profundos cambios y cuestionamientos al orden y nacían las vanguardias literarias. 
Omar del Águila asume un gran desafío: dirigir una pieza icónica –de escuetas acotaciones– con más de seis décadas en el imaginario teatral. El resultado es una tragicomedia oportuna y lúcida por su vigencia histórica y esencia desoladora que celebra con justicia los 79 años de la Asociación de Artistas Aficionados.

ESPERA COTIDIANA
Ya el primer acto da pinceladas más oscuras que absurdas: el espectador intenta establecer algún nexo lógico. Una labor infructuosa ante los desconcertantes diálogos y curiosos juegos que ensayan Estragón / Gogo (bien logrado con los buenos matices de Ximena Arroyo) y Vladímir / Didi(un afinadísimo rol de Manuel Calderón).
Lukcy (Oviedo) y su amo Pozzo (Velarde)
Calderón construye su “Didi” –excéntrico y lúdico– con contagiosa ilusión y energía a lo largo de dos horas de función, mientras que, bajo los arrebatos y delirios de “Gogo”, Arroyo irradia una humana fragilidad
A pesar de la maniática reiteración textual ambos lucen dinámicos y solidarios en escena. Beckett reserva lo mejor para la segunda mitad. Las frágiles certezas del primer acto sucumben ante dudas existencialistas y tanáticas y frases de un humor poco soterrado sin que asome Godot. De hecho, esta ausencia es más una razón para reflexionar sobre el tiempo o la esperanza con honesta intensidad.

CAMINO DESOLADO
Por eso la expectativa es dosificada con la intrusión de fugaces personajes y un humor más oscuro. El amo Pozzo (un implacable rol de Percy Velarde) y su lacayo Lucky (Juan José Oviedo, elocuente a su modo) quiebran la rutinaria espera con reflexiones sobre el abuso de poder y la miseria.
Escena de "Esperando a Godot" 
El efecto del cambio de lógica es más evidente en la segunda parte hasta que el anuncio del muchacho (Omar Rosales) reinicia el ciclo. 
El diseño de la escenografía resulta sobrecogedora y de un cariz nihilista: es un camino abandonado con un árbol solitario que no banaliza la tensión de los personajes grises. La naturaleza plástica (luces y colores) y sonora (marcaciones de tiempo) habitual en los montajes de Del Águila aporta sensorialidad sin tanto artificio
La simple anécdota de Esperando a Godotbasta para desafiar atemporalmente a alguna sociedad en busca de que algo suceda, aun cuando no se sepa bien qué ni para qué sea.

FICHA ESCÉNICA
Elenco: Manuel Calderón, Ximena Arroyo, Percy Velarde, Juan José Oviedo y Omar Rosales
Dirección: Omar del Águila
Temporada: Del 19 de mayo al 11 de junio
Las funciones van los viernes y sábados a las 8pm / Domingos a las 7pm
Lugar: Asociación de Artistas Aficionados (Jr. Ica 323, Lima)
Más informes en el evento de la obra

lunes, 15 de mayo de 2017

Frágiles recuerdos

A poco de estrenar “El rostro, Ricardo Olivares descubrió que su obra había sido estrenada, casi a escondidas, en Huaraz en marzo de 2016. Quienes montaron la pieza –escrita con inteligencia– sabían que ésta había alcanzado el cuarto lugar en el Concurso Nacional Nueva Dramaturgia Peruana 2014 del Ministerio de Cultura.
"El rostro" de Ricardo Olivares
Además de intrigarse por el periplo de su texto a tierras andinas, la anécdota motivó más a su autor. 
Finalmente estrenó en el XIII Festival de Teatro Peruano Norteamericano ICPNA de 2016 y logró el “Premio del Público” con una historia reflexiva y personal que empezó a consolidar su carrera.
Con la dirección de Yanira Dávila y Alejandro Guzmán, esta puesta desvela el inexorable vacío que dejan los dilemas irresueltos. ¿Cómo impacta el pasado en el presente? “El rostro brinda algunas pistas ocultas bajo la seductora máscara del olvido, la distancia o el desarraigo.

LAGUNAS MENTALES
Tras varios años fuera, el arqueólogo Ramón Hendrich (Carlos Acosta, con un trabajo camaleónico) ha regresado al Perú. Dispuesto a escribir sus memorias, como parte de su nuevo trabajo en una reconocida universidad, el investigador afrontará continuos bloqueos que lo obligan a acudir a un sicoanalista (alturado rol de Eduardo Ramos).
Daniela Camaiora y Carlos Acosta
La relación entre ambos –desconfiada y esquiva– develará traumas y amargos recuerdos de su infancia. Acosta se interpreta a sí mismo de niño, con un registro que él maneja con aplomo y solvencia y que aportará cambios de perspectiva (realidad o sueño) y de tiempo a la historia. En esta reposición lo acompañan la inspirada Daniela Camaiora en el papel de la esquiva figura materna y la mujer enmascarada, tan vital y sensual. Ramos luce seguro y va sumando personajes más complejos y versátiles a una trayectoria que incluye la lúdica “Paquí Pallá” y la apocalíptica “Somos libres”.

ENREDOS SUBLIMES
La estructura dramática es fragmentaria. Olivares soslaya la linealidad narrativa y esta concepción ofrece a la dupla Dávila–Guzmán un recurso que explotar sobre el escenario. Con ellos esbozan escenas ágiles y breves –interrumpidas por una evocación– que abordan interrogantes existencialistas.
Camaiora, Acosta y Ramos,
elenco de "El rostro"
Los diálogos, aunque sencillos, irradian profundidad y lucidez. La sobriedad en escena –una silla, un diván y una mesa pequeña–, las dinámicas luces y la predominancia del blanco son un acierto que intensifica la acción sin desvíos inoportunos e impregnan el montaje de una estela hipnótica.
En este juego de sueño/vigilia todo parece funcionar bien a pesar de que los personajes secundarios pierdan fuerza y el sicoanálisis brille actualmente como una supuesta ciencia. El rostro” propone un viaje retrospectivo hacia las verdades incómodas que, de no aceptarlas o superarlas, deslucen el presente.

FICHA ESCÉNICA
El rostro” de Ricardo Olivares
Dirección: Yanira Dávila y Alejandro Guzmán
Elenco: Carlos Acosta, Daniela Camaiora y Eduardo Ramos
Temporada: Del 18 de abril hasta el 17 de mayo
Las funciones son los martes y miércoles a las 8pm
Lugar: Teatro de Lucía (Ca. Bellavista Miraflores)

sábado, 13 de mayo de 2017

Desde la penumbra

El matrimonio Manningham (Javier Valdés y Lucía Caravedo) acaba de mudarse a un suburbio londinense en 1880. Instalados en una casona antigua –con secretos aciagos–, la pareja de recién casados se verá inmersa en una pesadilla que traerá al presente el asesinato y la desaparición de joyas ocurridas a meda luz.
Los Manningham (Lucía Caravedo
y Javier Valdés)
“Luz de Gas” (1938) del dramaturgo Patrick Hamilton (1904–1962) plasma esta intrigante trama presente en dos cintas. Una británica dirigida por Thorold Dickinson en 1940 y otra estadounidense por George Cukor en 1944. El Teatro Británico ha estrenado una versión ecléctica de manos de Darío FacalEn manos del director español esta pieza se traduce en una intensa composición audiovisual y escénica que alumbra con tenue veracidad los opacos linderos de la psiquis humana. Su estética compuesta de cine negro, thriller sicológico y un libreto de detectives producen un montaje perturbador y misterioso.

LARGAS GABARDINAS
En el teatro como en las adaptaciones cinematográficas, la historia conservó la trama oscura y profundidad sicológica de sus personajes. El thriller de Facal los delinea con bastante detalle y acierto. Valdés convence en un papel enigmático y calculador, de pasajes inquietantes y ambiguos que lo aproximan al perfil de un sociópata.
Javier Valdés y Delfina Paredes
Desde la aparente fragilidad de Bella, Caravedo, más bien, desarrolla matices que presagian delirios casi esquizofrénicos
Con una fluida honestidad, ambos personajes palidecen o encienden en varios episodios hasta conseguir que su relación tensa se funda con una desconcertante y opaca rutinaLas esmeradas criadas Elizabeth y Nancy (un dúo de lujo integrado por Delfina Paredes y Stephanie Orúe) siembran conjeturas a placer. El inspector de policía (un inspirado Alfonso Santistevan) y su presto colaborador (Eduardo Camino de aceptable trabajo) cierran la estela detectivesca con roles plausibles.

CALLES SILENCIOSAS
“Luz de gas” procura una escenografía realista de estilo victoriano asentado en estructuras metálicas. La música del piano, pisadas en los altos y el dominio de sombras sobre la luz generan lóbregas escenas que la audiencia ávida de misterios agradece con interés y deducciones caprichosas.
El inspector (Santistevan) y Bella (Caravedo)
Con dos cintas a cuestas, “Luz de gas” intenta brillar con una historia original y fidedigna. En lo escénico lo consigue con la intriga sicológica, pero en lo visual Facal prefiere apoyarse en fragmentos de películas –un tributo de planos cerrados y paneos exteriores– enlazados con precisiónEste recurso ayuda a su narrativa aunque no incide directamente en el ritmo del montaje, sostenido por las actuaciones. Luego de “Lima Laberinto XXI” (2015) y “La clausura del amor” (2016), Facal entrega un trabajo brillante que instala luces en la penumbra más retorcida del alma humana.

Crédito de fotos: Teatro Británico

FICHA ESCÉNICA
“Luz de gas” de Patrick Hamilton (Reino Unido)
Dirección: Darío Facal
Elenco: Javier Valdés, Lucía Caravedo, Alfonso Santistevan, Stephanie Orúe, Eduardo Camino y Delfina Paredes
Lugar: Teatro Británico (Jr. Bellavista 527, Miraflores)
Funciones: De jueves a lunes a las 8pm
La temporada culmina el 15 de mayo de 2017
Entrada: S/. 60 (General), S/. 40 (Jubilados) y S/. 30 (Estudiantes)